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De la Rúa : el hombre que no supo llegar hasta el final

Los últimos días en el poder  del Ex Presidente Fernando de la Rúa, recordado por su honestidad e integridad, pero cuyos valores lo llevaron al descontrol y la renuncia aquel 20 de diciembre de 2001.Un recorrido por la historia política más polémica de nuestro país.

En su libro «Doce noches», el periodista Ceferino Reato reconstruyó los últimos días de la presidencia de Fernando De la Rúa, que falleciera hoy a los 81 años. Un extracto de la fascinante crónica, que documenta las horas finales del gobierno radical

El titular del Senado, Ramón Puerta, recibió la llamada del presidente Fernando de la Rúa en su departamento de Libertador y Salguero cuando se preparaba para tomar el avión Cessna Citation Excel que le prestaba su amigo, el empresario —y diputado peronista desde 2005— Francisco de Narváez, en el aeropuerto de San Fernando.

Eran las cinco menos veinte de la tarde del jueves 20 de diciembre de 2001 y De la Rúa había dado lo que sería su último mensaje al país por radio y televisión. Quería saber qué le había parecido su ofrecimiento de «un gobierno de unidad nacional» al justicialismo, «que triunfó en las elecciones del 14 de octubre y tiene mayoría en ambas cámaras» del Congreso.

—Lo escuché, Presidente. No se le ocurra hacer lo que estoy temiendo, no me diga que está por renunciar.

—…
—No vaya a hacer eso porque ya le dijimos que le vamos a votar el Presupuesto y las leyes que necesita a libro cerrado, salvo los artículos sobre el financiamiento a las provincias; ahí vamos a debatir.

—Ah, bueno, bueno… Puerta, ¿usted va a ir a Merlo, a San Luis?
—Sí, ya estoy saliendo para allá.

—¿Y ahí quiénes van a estar?

—Vamos a estar todos los dirigentes del peronismo. (Adolfo) Rodríguez Saá invitó a todos los gobernadores y a muchos senadores y diputados. Vea que viene muy bien este encuentro porque yo voy a comentar lo que estamos hablando ahora usted y yo.

—¿Pero, a qué hora va a ser esa reunión?

—Bueno, de acá me voy a San Fernando, hay un avioncito que me va a llevar. Yo estaré llegando a las siete de la tarde y calculo que vamos a inaugurar el aeropuerto de Merlo a las ocho.

—Lo que yo quiero es que me llame después de que termine la reunión entre ustedes.
—Creo que lo voy a poder llamar a las nueve o nueve y media.
—Ah no, pero ya va a ser de noche.

—Presidente, eso es lo único seguro a esta altura: a las nueve y media va a ser de noche.

Apenas cortaron, Puerta se quedó pensando por qué De la Rúa lucía tan preocupado por el horario de su llamada desde San Luis. «Creo —explica— que estaba deprimido. Para mucha gente que está deprimida la noche es un momento muy duro. Los conflictos que tuvo que afrontar aquellos días no fueron fáciles.»

Puerta bajó a la cochera y se subió al auto. Mientras el chofer lo conducía a San Fernando, recibió otro llamado: era Domingo Cavallo, de quien, cuando se desempeñaba como gobernador de Misiones, era considerado el mejor alumno, junto con el santacruceño Néstor Kirchner. Cavallo le aseguró que no había renunciado y que seguía siendo el ministro de Economía. Mientras el Cessna Citation se preparaba para despegar, Puerta vio por la ventanilla que el cielo se había puesto oscuro. Pensó que la tormenta venía con más fuerza de lo que había sido pronosticado y se preguntó qué estaba haciendo allí, tan lejos de su chacra de Apóstoles. Cuando el avión levantaba vuelo, descubrió que era el humo de los neumáticos que los manifestantes estaban quemando en el conurbano.

En la Casa Rosada, De la Rúa no quedó satisfecho con las respuestas de Puerta: era evidente que el peronismo no estaba dispuesto a compartir con él la responsabilidad de gobernar la Argentina en el medio de una crisis tan profunda, que ya había provocado numerosos muertos y heridosFuera de la sede del gobierno, entre la Plaza de Mayo y la avenida 9 de Julio la policía descargaba una violenta represión contra grupos de manifestantes: vecinos y oficinistas sueltos, pero también militantes de derecha y de izquierda, desde simpatizantes de los militares «carapintadas» hasta «piqueteros» y miembros del Partido de la Liberación, Quebracho, Izquierda Unida y el Partido Obrero. Hubo cinco muertos: cuatro de ellos en apenas una cuadra y en un lapso de menos de media hora.

En su último mensaje, el Presidente señaló: «Estoy convencido de que solo la unidad nacional puede levantar al país», y prometió que iba a realizar «los cambios que sean necesarios» para sumar al peronismo, incluida la salida de la Convertibilidad y el cambio de régimen económico.

Informó que había hecho modificaciones en su gabinete: Cavallo ya no era ministro y Economía había sido dividido en dos; las secretarías de Hacienda, Finanzas e Impuestos pasaban a depender del jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y el resto, junto con Infraestructura y Servicios, formaban un nuevo ministerio, a cargo de su amigo Nicolás Gallo. Sin embargo, alertó que era necesario «una pronta respuesta del justicialismo» a su oferta de un gobierno de coalición porque —argumentó— «no puede seguir el cuadro de violencia en la calle que arriesga a situaciones más peligrosas».

De la Rúa se preparaba para vivir sus últimas horas en el poder. Traiciones, acusaciones e impotencia le siguieron a aquella jornada que seria definitiva para los meses que seguían.

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