Interes General

El Príncipe de Maquiavelo: un clásico que sigue vigente

Una de las obras cumbres del Renacimiento continua siendo tan mencionado como en sus días de máxima popularidad. Una doctrina política que no escapa a ningún ciudadano ni partido político actual.

El príncipe fue una de las figuras cumbres del Renacimiento Italiano. Una obra ejemplar de Nicolás Maquiavelo que pone en evidencia las estrategias políticas para generar orden social y mantener el poder de los gobernantes.
Maquiavelo está presente en todo discurso de poder actual. Sin embargo muchas personas por no coincidir con la postura del mismo, suponen que lo maquiavélico es un acto de orquestación del mal, destinado a acceder a privilegios personales y a mantenerlos ad infinitum a través de los recursos públicos.
Lo maquiavélico es, por la ley de los hechos, el mal aplicado a la política.
Sin embargo muchas personas lo utilizan en diferentes ámbitos en los que el concepto carece absolutamente de validez.
Hoy el libro de Maquiavelo solo es una referencia ya aprendida en el mundo de la política, porque es evidente que cualquier político más o menos entrenado conoce por intuición, y actualizados, los protocolos de hacer y conservar el poder que Maquiavelo anota con la prosa de un informe de campo. Experiencia y comentario de la experiencia: ese es el método de conocimiento de “El Príncipe”. El texto es obsequiado al Magnífico Lorenzo de Médicis sin ocultar que persigue lo mismo que quienes le regalan un caballo o piedras preciosas: el favor de su principado. Lo que hace Maquiavelo es cederle al Magnífico un know how para que sepa rodearse de sentido común, ejércitos y ministros.
Los consejos abundan y casi todos tienen doble faz moral. Al cabo de la lectura, el beneficiario sabrá que hay que ocupar las colonias ganadas, que a la crueldad hay que aplicarla de un solo golpe, que hay que hacerse temer sin hacerse odiar, que cuando haya que matar a alguien debe ser por una causa clara y no aprovecharse de sus bienes (“los hombres olvidan más rápido la muerte del padre que la pérdida del patrimonio”), y que hay cuatro caminos para llegar a príncipe: por la virtud o la fortuna (las únicos que les gusta recitar a los políticos argentinos), pero también por el crimen o el apoyo de los ciudadanos. Clásico de la semana: «Las penas del joven Werther», de Goethe Pero el mundo del que habla Maquiavelo ¡tiene quinientos años! Aplicar sus consejos a un estado-nación sólo le sirve a quien se da corte de haberlo leído a costa de inflamar de metáforas remotas la actualidad.

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