Espectáculos

Fangio : una historia para conocer

La historia de Fangio. Su recorrido historia y nombre.Sus cualidades y secretos nunca contados en esta nota.

MI APELLIDO ES FANGIO

Por Marcela Vazquez.

– “¡Hola! ¿hablo con el Sr. Rubén Fangio?”. La voz es del abogado Lisandro Faisal del estudio Pierri. Del otro lado del teléfono, Rubén, que hasta ese momento tenía de apellido Vázquez.  La noticia que le dijo le produjo, un llanto de una hora y media, quizás más. Una verdad oculta por más de sesenta años que necesitaba su confirmación. Un sobre con los resultados de ADN que se acaba de abrir, una llamada para informar un 99,99% de compatibilidad.     

Meses antes, veinte años de la muerte del quíntuple campeón de Fórmula 1, sus restos fueron exhumados. Dos jueces, uno de La Plata y otro de Mar del Plata, debían resolver el derecho de identidad de dos hombres que decían ser sus hijos. El otro era Oscar “Cacho” Espinoza. En el Cementerio Municipal de Balcarce, una flor roja sobre una placa de bronce pendía del frente de un panteón enorme de granito frío. Un cartel sobre la entrada indicaba “Loreto Fangio”. Sacaron el féretro, cubierto con una bandera celeste y blanca. Rubén lo miraba con los ojos color turquesa similares a los de su padre, sus cejas levantadas como lo hacía el piloto. Un parecido impactante. La procesión transcurrió entre otros tantos sepulcros cubiertos de moho y manchas de humedad, hasta llegar a la morgue del cementerio. 

Juan Manuel Fangio falleció el 17 de julio de 1995. Fue velado en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, en el Automóvil Club Argentino y al día siguiente en el Museo de Balcarce. 

Las noticias no eran muy alentadoras. Para que el ídolo pueda ser velado durante 48 horas, le fueron inyectadas dosis de formol en sus venas y arterias, una sustancia enemiga del ADN. Pero bastaron dos falanges y un diente para que se compruebe la paternidad de Rubén y Oscar.

Unos años antes ocurrió algo en un hotel de Pinamar, donde trabajaba Rubén, que lo hizo reflexionar. Un médico le dijo “que parecido que es usted a Fangio”. A lo que respondió que sí y que Juan Manuel era su padrino. El huésped asombrado le dijo al dueño del hotel “el día que este hombre se haga un ADN se va a llevar una gran sorpresa”. 

Tres historias para contar

Si bien Rubén nunca tuvo una relación de padre e hijo con el ídolo, no fue el caso de Oscar “Cacho” Espinoza, piloto de autos de carrera, que sí la tuvo. Su madre, Andrea “Beba” Berruet, una mujer hermosa, de pelo negro enrulado, tez blanca y ojos oscuros, tuvo una relación amorosa con el ídolo que perduró por veinte años, hasta 1960. 

Oscar compartió los primeros años de vida con sus padres, pero la incondicionalidad con Fangio llevó a la “Beba” Berruet a dejarlo al cuidado de la familia de su exmarido para acompañarlo durante su campaña automovilística en Europa. 

Con los años se convirtió en corredor del Turismo Carretera, luego corrió para Fiat y hasta llegó a la Fórmula 3. Hay una foto de un grupo de Facebook, que inmortaliza un gran momento: “Juan Manuel le entrega el trofeo a su hijo, Oscar “Cacho” Fangio, que obtuvo el tercer puesto F-3 que se disputó en Mar del Plata en 1966”. Ambos de traje y corbata, el mismo perfil, la misma sonrisa, sus ojos claros sobre un trofeo enorme y brillante. 

Rubén, en cambio, supo la verdad de boca de su madre, doña Catalina Basili, una vez muerto su padre de crianza. Ella tenía 90 años. Antes era así, esas verdades se ocultaban, porque si no “te crucificaban para toda la vida y a las mujeres sobre todo”. Lo pudo entender. Nunca juzgó a la madre que vivió muchos años más después de esa confesión, hasta los 103. 

Juan Carlos Rodríguez, es el tercer hijo de Fangio. Él siempre supo quién era su padre porque su mamá, Susana Rodríguez, se lo contó. Ella tenía 15 y el piloto 33 cuando quedó embarazada. Siempre anduvo entre los fierros, pero como mecánico. Se recibió de ingeniero agrónomo, comenzó a dedicarse a la maquinaria agrícola y se desempeñó como investigador del INTA Balcarce hasta jubilarse.

Oscar colaboró con material genético para que Juan pueda confirmar su identidad. El resultado: 97,4% de compatibilidad.  

El Chueco murió a los 84 años, soltero y sin hijos, porque su carrera no le daba tiempo para esas cosas, y los medios colaboraron para que esa sea la única verdad.  El diario El País del 17 de julio de 1995 dice: “El primer infarto lo sufrió en 1971, 10 años más tarde tuvo otro problema cardíaco y al mítico Quíntuple, como se le llamaba popularmente, le hicieron cinco by-pass con los que sobrevivió hasta la madrugada de ayer. No tenía hijos, era soltero, su gran amor fue una mujer con la que no llegó a casarse, según él, -«por una estupidez que el tiempo no logró reparar»-.”

Pablo Viola, periodista deportivo, reflexiona ahora

 que se lo protegió al piloto en ese sentido. “Fue muy cauto y tampoco estuvo tan expuesto.”

Miguel Prenz escribió el libro “Algo del antiguo fuego”, que desentraña esta historia de los hijos de Fangio.

Los tres hermanos, ya con más de setenta años, reconocen no guardar rencores y estar dispuestos a mantener vivo el legado que su padre como máximo ídolo deportivo dejó, entre ellos el Museo de Balcarce. Disfrutan tenerse y de viajar juntos a los eventos relacionados con él, en el país y en el mundo. Son recibidos como lo que son, los hijos de uno de los deportistas más reconocido de la historia, como gran piloto de la Fórmula 1. 

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