Cultura

La esencia machista del tango

Las milongas son un espacio de disfrute de lo que consideramos parte de la cultura argentina. No todos los lugares del tango son machistas, pero es una herramienta para mejorar el ámbito”, dice Amancay Sal organizadora de Milongas feministas.

 

El tango es una marca registrada de nuestra cultura donde hombres y mujeres comparten la pasión por un baile que los une.

Según Amancay Sal referente del Movimiento Feminista de Tango el objetivo es poder llegar a esos lugres  donde la tradición machista está fuertemente arraigada.

Amancay Sal lanzó recientemente un protocolo de actuación para casos de violencia de género en el ambiente tanguero y que concitó gran atención mediática y no poco revuelo en el circuito.

El machismo en el ambiente tanguero no está en discusión. Son innumerables los casos en que las mujeres manifiestan sus enfados con el abuso de toqueteo y códigos machistas en el baile que provienen de la vieja escuela tanguera y se naturalizo con el paso del tiempo.

Y aunque es cierto que de un buen tiempo a esta parte hay todo un circuito de espacios para bailar tango con una mirada más contemporánea, muchos de esos lugares tampoco tienen muy claro cómo reaccionar ante casos de violencia.

“Nosotras quizás elegimos lugares más abiertos, más amigables, que lógicamente conocemos y apoyamos, pero queremos hablarle también a los otros espacios donde quizás no nos vinculamos habitualmente justamente por ese tradicionalismo o machismo fuerte que vemos”, señala la organizadora. “

No creemos que todos los lugares del tango sean machistas, pero el machismo sí puede estar en todos lados, esta es una herramienta para usar y mejorar el ámbito”, destaca Sal.

El protocolo –inspirado en otros similares- propone repartir tareas entre los organizadores para actuar en distintos casos de violencia de género y piensa primero en cómo resguardar a la víctima: “En todos los casos se buscará siempre que sea la persona vulnerada quien pueda quedarse a disfrutar del espacio y que la agresora o violenta sea quien tenga que retirarse del lugar”, propone la iniciativa. No es un caso menor: muchas veces en su afán por “dejar a todos contentos” los organizadores pueden mediar entre las partes para que se mantengan fuera del espacio del otro. Eso suele significar para las víctimas –mujeres en su mayoría- una incomodidad intolerable que las obliga a abandonar el espacio y las relaciones que construyeron allí cuando la falta está del otro lado. Así, se convierten en doblemente víctimas.

Así el protocolo es bastante amplio en casos de extremos. La iniciativa tofrece distintos artículos legales que respaldan las acciones de los organizadores en pos de la igualdad de género, más allá de lo que la mal llamada “tradición” supuestamente reclame a los milongueros.

 

 

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