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PARA ALGUNOS LA BARBA NO ES UNA MODA, REPRESENTA UNA FORMA DE VIDA

Bearded Villains Argentina: Las barbas, los tatuajes, el heavy metal, y sobre todo la solidaridad, como principal función social, caracterizan al grupo.

Por Marcela Vazquez

Una figura gigante resalta entre antigüedades sobre un fondo verde inglés. El aire viciado por el humo que se mueve como la lluvia cayendo en aguas profundas fluye de una barba cobriza, larga, como una cascada, sobre un saco negro que los bíceps parecen querer explotar. Por encima de los lentes negros que esconden la mirada de un ojo negro que apenas dejan entrever, se levanta al tope una ceja rasurada.  Abundan los piercings en las orejas y la nariz, y los tatuajes, en la cabeza, la nuca, en los dedos repletos de anillos que sostienen cerca de la boca un habano recién encendido.

Gentileza Mauro Ponti

Se trata de Mauro Ponti, 35 años, el Capitán de los Villanos Barbudos de Argentina, en una sesión de fotos a cargo de Maximiliano Alan, quien suele retratar también al grupo, que hoy cuenta con 90 miembros y 20 postulantes.

Los Villanos Barbudos o Bearded Villains, es un club de hombres disperso por todo el planeta que, según Mauro “no intentan cambiar el mundo, pero sí un momento en la vida de quien lo necesita”, y agrega: “Nos une la barba y el amor al prójimo. Si querés mejorar día a día como persona, y colaborar con la comunidad, nosotros te ayudamos a eso”.

El movimiento nació en el 2014, en los Ángeles, Estados Unidos, y aquí en la Argentina en 2015, de la mano de Mauro y Héctor Ponti, y de Gonzalo Torres Loureiro. El presidente del club del país del norte, de ascendencia mexicana, Fredrick Von Nok, se contactó con Mauro a través de la cuenta de Facebook del club, para proponerle la fundación del capítulo en la Argentina.

Gentileza Mauro Ponti

“El club se formó también con la intención de cambiar los prejuicios que existen en torno a las personas con barba y tatuajes”, explica Mauro Ponti. Sus integrantes realizan obras de caridad en el barrio que vive cada uno, realizan una labor muy importante en la Ciudad de Buenos Aires, y se expande por todas las provincias argentinas, ya que, si bien el movimiento tiene presencia a nivel mundial, con obras para colaborar con UNICEF por ejemplo, también la tiene en todo el país. Los villanos para realizar sus obras de caridad hacen campañas y reciben donaciones.

“Los Bearded Villains reniegan de la asociación lineal que suele hacerse entre su imagen y la rudeza, la crueldad y la violencia”, dice Matías de Stéfano Barbero, antrópologo, miembro del Instituto de Masculinidades y Cambio Social (MasCS), quien manifiesta además que esa asociación simplista también es criticada desde los estudios de masculinidades.

Cristian Sabio es el reclutador, tiene 45 años, luce una barba entrecana de unos 30 centímetros y usa expansores. Explica que uno de los requisitos para ingresar a la hermandad es tener una barba de un mínimo de cuatro centímetros desde el mentón, y estar dispuesto a realizar todas las actividades propias del club, como una gran familia. “La barba y Bearded Villains no es una moda, los elegís para siempre, no es como una clase de gym, que pagas la primera clase y después no vas más”.

      Gentileza Cristian Sabio

Mauro Ponti, tras la inquietud de si el club solo acepta varones cisgénero, es decir, cuyo sexo al nacer e identidad de género coinciden, explicó que no es así, y eso en base a que el movimiento no tiene restricción alguna respecto a la sexualidad, religión, ideologías políticas o de otra índole que acompañen a quien quiera ingresar. En Brasil y en Europa hay miembros trans y en Francia, hay una pareja de varones gay, por ejemplo, en el que uno es villano y el otro queen. Queens se les llama a las parejas de los villanos.

“No es una organización con perspectiva de género, entonces puede suceder que se continúe repitiendo y consolidando qué es lo masculino, cómo se ve, qué pueden sentir o no”, dice Laura Perla, psicóloga del grupo de la Red de Psicólogxs feministas, y agrega: “No está cuestionado el lugar de «héroe» o guerrero ni la verticalidad del poder. Aunque el propósito sea conformar un grupo horizontal se mantienen los nombres de rangos militares para establecer sus lugares dentro del movimiento”.

Con el lente de la ciencia antropológica, Matías de Stéfano Barbero, coincide con la psicóloga, pero agrega que Los Bearded Villains “también se organizan a partir de valores como la solidaridad y el respeto, son generalmente quienes cocinan la comida que luego reparten o celebran los “family day” con sus parejas e hijos”. En este sentido, advierte que “ninguna masculinidad podría definirse como totalmente hegemónica o completamente alternativa: generalmente se reproducen algunas cuestiones y se cuestionan otras, dependiendo de las relaciones, las situaciones y los contextos. Para él, “el orden de género hegemónico no se juega tanto en lo estético –los tatuajes, la barba, la vestimenta- como en el hecho de reproducir la jerarquización y complementariedad entre “hombres” y “mujeres”, entre masculinidad y feminidad, y entre las propias masculinidades”, algo que los Bearded Villains parecen no hacer cuando afirman que “nadie está por encima del otro”, y cuando admiten la diversidad sexual y de identidades de género entre sus miembros. 

“Al principio causábamos, no sé si miedo, pero era complicado, salíamos a ayudar a la gente, y bajábamos de una camioneta y de tres coches, de noche, diez o doce barbudos grandotes, con chalecos, vestido con cuero, era raro ver como reaccionaba la gente, el shock, pensaban que se venía una pelea”, recuerda Cristian Sabio.

Gentileza Héctor Ponti

Fernando Pierro Rossi, es el villano encargado de organizar las salidas solidarias en la Ciudad de Buenos Aires. La agrupación comenzó con esas actividades en la ciudad en el año 2017, primero de la mano de la asociación vecinal Amigos en el Camino, poniendo siempre su impronta. Salían todas las semanas, distintos grupos, distintos días. “Es una asociación espectacular que nos dio el conocimiento para hacerlos nosotros en el futuro”, dice Fernando. A fines de ese año empezaron a hacerlo solos.

En el 2018 Pierro Rossi lo bautizó como “Proyecto Frío”. Empezaron con los desayunos, que llevaban por las noches para el otro día, té, café, en vasos térmicos acompañados de facturas, budín o una torta casera. El hospital Ramos Mejía es uno de los puntos más importantes en el diagrama de recorrida del grupo, que siempre es nocturna. Allí asisten a más o menos treinta personas. En una oportunidad, para Navidad y Año Nuevo, Fernando organizó para comer con la gente en situación de calle con una mesa navideña. Esa noche uno de los barbudos tocó la guitarra y su novia cantó para los invitados.

En verano la prioridad es acercarles agua, sobre todo congelada. “Para nosotros es tan común el hecho de tener líquido a disposición y apto para el consumo, pero para todos no es tan fácil” dice Fernando.

Con la organización “Me regalás una hora” dedicada a la atención médica y psicológica para los más vulnerables, también compartieron recorridas.

Actualmente, en la pandemia, tratan de ampliarse un poco más. Tras haber obtenido los permisos, hace tres meses retomaron la actividad en la ciudad. Los barrios porteños que recorren son Parque Patricios, Boedo, Almagro, Plaza Miserere y San Cristóbal. Son zonas humildes y puntos estratégicos donde la gente reúne sus “rancheríos”, con chapas y con lo que esté a su alcance. Plaza Miserere es uno de los puntos más importantes de la recorrida, atienden alrededor de cincuenta personas. Comienzan en la recova de la estación y luego cruzan a la plaza. Otras paradas suelen surgir en forma espontánea “Porque vimos gente en el camino”, dice Fernando. Los villanos llevan sándwiches, empanadas, frutas, todo envuelto en film, jugos y gaseosas. Por una cuestión de higiene y por el covid no llevan comidas elaboradas por temor a la contaminación de los cubiertos descartables, lo que sí hacían antes. También les llevan los desayunos. A raíz de la pandemia se sumaron los kits de higiene: jabón, champú, alcohol en gel, toallitas femeninas, cepillos de dientes descartables y pasta dental.

Fernando pone el acento a que la solidaridad en cuanto a las cosas materiales es una excusa para poder brindar lo más importante, que es el abordaje a la gente en situación de calle, que lo que más necesita es el contacto humano, contar sus historias, dejar de ser invisible por un rato.

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