Cultura

«Seguimos discutiendo el derecho de las mujeres a disfrutar del sexo»

Hace más de dos siglos, el francés Charles Fourier -un mordaz crítico de la economía y el capitalismo de su época- aseguraba que “los progresos sociales y los cambios de época se operan en proporción al progreso de las mujeres en la sociedad”. La historia argentina, desde la conquista española hasta la actualidad, prueba que las mujeres han cargado y cargan -a la par de los hombres- con buena parte del peso de la historia del país, en el plano de la cultura, la política y las ciencias, aunque son negadas a la hora de escribir las versiones que revisitan el pasado, en los libros, los manuales escolares, los medios de comunicación y las conmemoraciones públicas. En su nuevo libro, Mujeres insolentes de la historia (Emecé), el historiador y columnista de Viva, Felipe Pigna, y el ilustrador Augusto Costhanzo –que concreta un trabajo por fuera de todo cliché asociado a la mujeres objeto, tan enraizados a la cultura del dibujo- se centran en 29 personajes femeninos rebeldes o sobresalientes de Latinoamérica e intentan compensar en parte de esa injusticia.

Cecilia Grierson, primera médica argentina, homenajeada por Google el año pasado.

Cecilia Grierson, primera médica argentina, homenajeada por Google el año pasado.

El libro, que resultó uno de los más vendidos en la Feria del libro de este año, incluye a mujeres destacadas -y que cometieron todo tipo de “insolencias” frente al poder-, de un período que abarca desde la conquista española, hasta comienzos del siglo XX. Desde Anacaona (1474-1503), una indígena haitiana, que resistió a los conquistadores españoles, en tiempos del ‘descubrimiento’ de América, a Alfonsina Storni (1892-1938), que además de poeta, feminista y socialista, fue madre soltera a sus 19 años. O a Cecilia Grierson, la primera médica argentina (“Conste que estoy tomando examen a un ser inferior”, escribe el profesor en el acta de examen, allá por 1910). Y Martina Céspedes, dueña de una pulpería de San Telmo, que –junto a sus hijas- redujo a 13 oficiales durante las Invasiones Inglesas de 1807. Otra de ellas es Virginia Bolten, fundadora, en 1896, del primer periódico anarco-feminista de Latinoamérica, ‘La voz de la mujer’, que tenía como lema “Ni Dios, ni Patria, ni marido”, y que ella editaba junto a un grupo de compañeras de la refinería de azúcar en la que trabajaba y financiaba con su magro sueldo de operaria.

Con su libro. Pigna y su elogio de las mujeres insolentes. /EFE

Con su libro. Pigna y su elogio de las mujeres insolentes. /EFE

-La intención del libro parece ser denunciar una invisibilización histórica pero, a la vez, mostrar de qué forma estas mujeres opusieron resistencia y no se resignaron a la vida doméstica…

-Sí, la palabra «insolente» era un término muy utilizado por los conquistadores españoles para descalificar a las mujeres originarias que se negaban a aceptar el nuevo orden, impuesto por reyes lejanos y ajenos. Después, el término se popularizó. Creo que es un libro oportuno, porque los más jóvenes quieren saber si las mujeres que hoy ven luchando activamente siempre padecieron la desigualdad. Lo veo en las escuelas, donde voy a dar charlas: ellos se sorprenden ante tantas injusticias padecidas. Y saben que el feminismo no es una moda sino una tendencia sin retorno.

-¿Los mecanismos de invisibilización de las mujeres tuvieron en Latinoamérica particularidades propias?

-Aquí, la fuerte presencia de la Iglesia católica, siempre muy unida al poder real, imprimió características particulares a esta represión. La misoginia de la Iglesia venía unida a la de la corona española, y a las mujeres hasta se les prohibía estudiar. Tenemos el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, por ejemplo, que se escondía en un convento para poder leer. Hay que aclarar que cristianismo no es lo mismo que catolicismo: Jesús no fue en absoluto misógino, el problema las mujeres lo tuvieron con el catolicismo, puntualmente.

-Las mujeres que lentamente empiezan a sobresalir, lo hacen en el plano militar, el de las letras y de las ciencias.

-Es así, y estas 29 mujeres representan distintas formas de la rebeldía. En el contexto de las actuales reivindicaciones feministas, está bueno también que los más jóvenes vean dónde comienzan estas luchas e incorporen a estas mujeres a su lectura de la historia.

-En relación al tema del aborto, que se debate actualmente, ¿usted diría que la penalización es también una forma de opresión?

-Por supuesto, una forma criminal. Lo vemos en el caso de la chiquita de 10 años a la que no dejaban abortar. ¿Por qué una institución, además, debería estar por encima de lo que una mujer decide hacer con su cuerpo y con su vida? Eso es una aberración.

-¿Considera que la sociedad argentina está madura para asumir una posición favorable a la despenalización?

-En términos generales, mi impresión es que sí, así lo espero. Estamos hablando de un derecho que no debería estar penalizado, no de una obligación. Las mujeres deberían tener la posibilidad (el aborto legal) en este marco de tanto femicidio, tanta violación, tanto embarazo no deseado, y que se acompaña de una ausencia absoluta de educación sexual integral en las escuelas. Es muy llamativo que la gente que dice defender la vida no esté invirtiendo su energía en promover la educación sexual, y en defender el derecho femenino a gozar, porque el disfrute es algo que se les sigue negando a las mujeres…

-Ese tema sirve de eje a algunos de los nuevos libros feministas. ¿Qué es lo que hace que todavía este punto, el del disfrute femenino, provoque tantas resistencias?

-Es insólito que todavía sigamos discutiendo o asombrándonos ante el derecho de las mujeres a disfrutar de su sexualidad, pero eso ocurre en sociedades como la nuestra: sigue habiendo muchas diferencias en relación a cómo se ve al hombre que disfruta de sus relaciones –que aparece como «un vivo»- y cómo es tratada la mujer, a la que se ve como «prostituta» si disfruta, mientras se le sigue exigiendo que cumpla y obedezca los mandatos. Esa inequidad se ve en el Código Civil y aún en la Ley de Matrimonio Civil, que rigió entre 1887-1921-, y aunque significó un avance, penalizaba con la cárcel la infidelidad femenina, y hasta la sospecha de infidelidad. En el caso de los hombres, en cambio, siempre había atenuantes, e iban presos en caso de llevar a vivir a su casa a su amante. Hoy en día, sin llegar a estas aberraciones, la infidelidad femenina y el disfrute siguen siendo “condenados” socialmente, por el modo en que son vistos.

Alfonsina Storni. Retrato de la poeta

Alfonsina Storni. Retrato de la poeta

-¿Cuál es el trasfondo de esa represión extendida? ¿Por qué las mujeres generaron –y acaso generan- tanto temor?

-Las mujeres siempre fueron consideradas por el machismo como seres peligrosos, de ahí las artimañas históricas para quitarles o debilitar su poder. Según un criterio machista, cavernícola, éstas deben ser esposas, madres; y ese es un criterio todavía muy vigente en ciertos ámbitos. La «insolente», en cambio, opina, escribe libros, hace política; invade territorios que siempre dominaron los varones. Por suerte, los profundos cambios a los que asistimos no tienen vuelta atrás.

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